TEMA SELECTO

“El aprendizaje invisible es una propuesta conceptual que surge como resultado de varios años de investigación y que procura integrar diversas perspectivas en relación con un nuevo paradigma de aprendizaje y desarrollo del capital humano, especialmente relevante en el marco del siglo XXI. Esta mirada toma en cuenta el impacto de los avances tecnológicos y las transformaciones de la educación formal, no formal e informal, además de aquellos metaespacios intermedios. 

1. Valor de aprendizaje basado en problemas. Aprendizaje significativo y contextual. La posibilidad de aprender más allá de un programa de estudio, los libros y la cátedra impartida por el docente no solamente brinda enormes potencialidades para alcanzar un aprendizaje más significativo, sino que además abre la posibilidad de combinar saberes, disciplinas y puntos de vista. Por otra parte se convierte en una valiosa herramienta conceptual para convertir otros contextos de interacción en espacios de aprendizaje. Este enfoque así como la creciente ubicuidad de las tecnologías favorecen la posibilidad de llevar a cabo un aprendizaje permanente casi sin restricciones de tiempo ni espacio.  

2. Lo que se amplia no son sólo los contextos del aprendizaje sino que también los patrones de uso de las tecnologías digitales. El dilema de si las tecnologías son necesarias parece ya obsoleto. Hoy es inconcebible desvincular la formación del uso de los dispositivos digitales. Sin embargo, el dilema está en cómo y dónde incluir estas tecnologías. Cada vez más experiencias nos indican que el uso de las tecnologías de información en contextos informales (ej: empleo, hogar, entornos de socialización y ocio) que favorecen la colaboración, la apertura y el trabajo distribuido resultan de especial valor para el proceso de aprendizaje. 

 

3. Las tecnologías adquieren su valor cuando éstas son analizadas desde el marco de la generación, actualización y aplicación del conocimiento. El debate de las tecnologías en la educación ha pasado por diferentes fases: Temor-resistencia por parte de formadores; Excesiva confianza en las capacidades de los usuarios de cortada edad (“nativos digitales” o fe ciega en el e-learning) y ahora, va permeando con más fuerza la idea de que es necesario desarrollar habilidades y competencias para usar estos dispositivos. Estas destrezas han de ir más allá de la capacidad instrumental y demandan el desarrollo de todo un complejo alfabetismo digital que entiende la apertura al conocimiento como un eje clave. 

 

4. Es evidente que existen valiosos ejemplos de generación y distribución del conocimiento en contextos reales. La implementación de acciones que permitan contrastar teoría y práctica resulta un ejercicio oportuno y necesario. Aquí surge un conjunto de posibilidades de adquirir micro-conocimientos a través de las interacciones cotidianas que hacemos en el día a día (auto-aprendizaje; aprendizaje entre pares; observación, aprendizaje colectivo, etc.). Ello no sólo enriquece el proceso de aprendizaje sino que además resulta de especial utilidad para las etapas post formación (ej.: empleabilidad, auto-formación, capacitación y actualización, etc.). 

 

5. Es clave entender el proceso de aprendizaje como un continuum que se sustenta en la capitalización de las experiencias, aprendizaje junto a pares, a través de la resolución de problemas, ensayo-error, etc. Resulta sustantivo tomar en cuenta las ventajas de aprender desde la práctica (ej. Construyendo redes de colaboración a través de tecnologías digitales). Esto implica comprender el valor de aprender de y con otros sujetos; la observación; así como la posibilidad de experimentar en diferentes contextos se convierten en valiosas fuente de adquisición y transferencia de aprendizajes tácitos que habrán de complementar la instrucción tradicional tipo cátedra (los micro-videos de YouTube son un estupendo recurso para ello). 

 

6. La dicotomía entre escuela/universidad vs. empresa no necesariamente es válida. Existen innumerables experiencias de entrecruzamiento. Si bien es una simplificación plantear que todos los procesos formativos universitarios están ajenos al mundo de la empresa. También es una realidad que ésta asociación “empresa-universidad” aún es ignorada por muchas experiencias formativas. En esta línea y tomando en cuenta la relevancia de desarrollar competencias para la empleabilidad, es oportuno consolidar y favorecer la creación de nuevos puentes que unan ambos mundos. (Ej.: prácticas vocacionales; incubadoras; clínicas “con pacientes/clientes reales”; laboratorios abiertos de desarrollo tecnológicos; premios a la innovación; bancos de ideas, entre otras). 

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